Durante el proceso electoral y en la posesión todos hablaron de pobreza, seguridad educación, empleo, salud y obras de infraestructura, como si aún estuvieran en campaña, pero eso tiene una explicación: varios miles de los elegidos están en la obligación de tender muchos velos y cortinas de humo porque la mayoría de nuevos administradores y coadministradores, tiene como principal preocupación cumplirle a dos grupos específicos como son los que invirtieron en la campaña y los que amarraron los votos con ese dinero.
Empezaron así los nuevos juegos de poder y barajas burocráticas. La gran noticia fue la posesión de Gustavo Petro, en el segundo cargo más importante del país: la Alcaldía de Bogotá.
Sus palabras y cada acto están siendo analizados con lupa y hasta con microscopio, inclusive desde antes de asumir el cargo. Sus críticos ahora son los partidos que avalaron a sus rivales. No hay el menor asumo de corrupción, al menos en lo que se conoce, del triunfo del ex militante del M-19 durante la contienda electoral del pasado 30 de octubre de 2010.
Muy diferente se puede opinar de candidatos del partido de La U, PIN, Liberales, Conservadores, algunos Verdes y hasta independientes que terminaron aglutinando a viejos gamonales, algunos condenados por actos de corrupción, investigados por múltiples irregularidades y herederos de la parapolítica que en las pasadas elecciones volvió a ser resonante; es un quiste sin extirpar aún.
Esos gobernantes, concejales y diputados que obtuvieron con malas mañas su mandato, tienen la odiosa misión de mantener un discurso falso y, sobre todo, cumplir con los acuerdos pactados a puerta cerrada con una serie de figuras, algunas de ellas de desagradable presencia en sus regiones, auténticos manejadores de los hilos del poder tras bambalinas, clientelistas y sonsacadores del dinero del Estado para beneficio propio.
Por eso no sobra recordar que quienes se valieron de las maquinarias clientelistas y la compra en efectivo de votos, ya le pagaron a ese pueblo que se dejó compar y su única deuda es con sus equipos de campaña e inversionistas. Los gobernados en realidad no son su prioridad, por más que juren y lo repitan.

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