lunes, 2 de enero de 2012

Nuevas autoridades regionales en Colombia gobernarán de la manera como se hayan hecho elegir

Este es el momento para recordar cómo fue que obtuvieron sus triunfos los alcaldes, gobernadores, concejales y diputados que se posesionaron. De manera que lo que menos importa es el discurso que ya han pronunciado sino lo que en adelante harán.
Durante el proceso electoral y en la posesión todos hablaron de pobreza, seguridad educación, empleo, salud y obras de infraestructura, como si aún estuvieran en campaña, pero eso tiene una explicación: varios miles de los elegidos están en la obligación de tender muchos velos y cortinas de humo porque la mayoría de nuevos administradores y coadministradores, tiene como principal preocupación cumplirle a dos grupos específicos como son los que invirtieron en la campaña y los que amarraron los votos con ese dinero.

Empezaron así los nuevos juegos de poder y barajas burocráticas. La gran noticia fue la posesión de Gustavo Petro, en el segundo cargo más importante del país: la Alcaldía de Bogotá.
Sus palabras y cada acto están siendo analizados con lupa y hasta con microscopio, inclusive desde antes de asumir el cargo. Sus críticos ahora son los partidos que avalaron a sus rivales. No hay el menor asumo de corrupción, al menos en lo que se conoce, del triunfo del ex militante del M-19 durante la contienda electoral del pasado 30 de octubre de 2010.
Muy diferente se puede opinar de candidatos del partido de La U, PIN, Liberales, Conservadores, algunos Verdes y hasta independientes que terminaron aglutinando a viejos gamonales, algunos condenados por actos de corrupción, investigados por múltiples irregularidades y herederos de la parapolítica que en las pasadas elecciones volvió a ser resonante; es un quiste sin extirpar aún.
Esos gobernantes, concejales y diputados que obtuvieron con malas mañas su mandato, tienen la odiosa misión de mantener un discurso falso y, sobre todo, cumplir con los acuerdos pactados a puerta cerrada con una serie de figuras, algunas de ellas de desagradable presencia en sus regiones, auténticos manejadores de los hilos del poder tras bambalinas, clientelistas y sonsacadores del dinero del Estado para beneficio propio.
Por eso no sobra recordar que quienes se valieron de las maquinarias clientelistas y la compra en efectivo de votos, ya le pagaron a ese pueblo que se dejó compar y su única deuda es con sus equipos de campaña e inversionistas. Los gobernados en realidad no son  su prioridad, por más que juren y lo repitan.

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